La Vida y la Palabra

El Aborto En La Biblia I

Recientemente una lectora mejicana (país donde se acaba de despenalizar sin restricciones el aborto practicado en los tres primeros meses de embarazo) me preguntó cuáles eran las bases bíblicas para oponerse al aborto. Esa consulta ha hecho que dedicara un tiempo considerable a investigar el tema que es bastante complejo y controvertido.

Se suele afirmar que la Biblia casi no menciona al aborto y que no contiene ninguna norma o declaración que lo condene de una manera específica. Esa afirmación puede parecer correcta a primera vista, (1), pero si se examina su mensaje como un todo se llegará inevitablemente a la conclusión de que él es totalmente contrario a la práctica del aborto. Eso es lo que me propongo probar en este escrito.

Es cierto que la palabra "aborto" (shakol en hebreo) figura sólo dos veces en sus páginas y sin calificación ética propiamente dicha. Sin embargo, es interesante que en un caso se trate de una promesa hecha por Dios al pueblo elegido de que si se mantiene fiel "no habrá mujer que aborte" (entre ellos se entiende, Ex 23:26). Y en el otro se trata de una maldición proferida contra el idólatra reino israelita del Norte, identificado como Efraín: "Dales matriz que aborte y pechos enjutos" (esto es, que no tengan hijos, Os 9:14) De estos dos textos se deduce que el aborto es en sí mismo un mal, sin lugar a dudas.

Hay, sin embargo, en sus páginas, específicamente en el libro del Éxodo y en el contexto de leyes que tratan acerca de las sanciones aplicables a los actos de violencia, un pasaje (Ex 21:22-25) que sí menciona concretamente las circunstancias en que pudiera producirse un parto prematuro, o un aborto involuntario. Conviene examinarlo detenidamente porque se le suele mencionar como una prueba de que la Biblia no adopta una posición definida en contra ni a favor del aborto, y de que, por tanto, lo considera como un hecho lamentable pero éticamente neutro.

Conviene señalar, no obstante, que el solo hecho de que el único pasaje en que se discute específicamente el aborto se trate de un accidente involuntario, y de que nunca mencione el aborto provocado concientemente (cuando da en cambio normas detalladas en muchos otros puntos), es en sí un testimonio elocuente de la posición inequívoca del Antiguo Testamente frente a esa práctica. Si no lo menciona, ni siquiera de paso, es porque lo considera como algo impensable para el pueblo de Dios, a pesar de que los pueblos paganos vecinos lo practicaban frecuentemente.

En la versión Reina Valera 60 (que es semejante a muchas de las versiones más comunes) el pasaje en cuestión dice así: "Si algunos riñeren e hirieren a mujer, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.”

La primera comprobación obvia es que el texto da poco valor a la vida del feto, pues impone sólo una compensación económica en el caso de que éste se pierda, y sólo demanda la pena de muerte en el caso de que la madre muera. La vida del feto no tendría pues el mismo valor que la de la madre. Su pérdida no es considerada propiamente muerte. Por ese motivo los partidarios del aborto apelan a este texto argumentando que la Biblia respalda su posición.

Coincidiendo con esa posición, la "Jewish Study Bible" (JSB), publicada por la “Jewish Publication Society”, traduce también yaza como “aborto” y dice en sus notas a ese pasaje lo siguiente: "La exégesis halágica (esto es, rabínica) infiere que puesto que el castigo es monetario y no la ejecución del agresor, el feto no es considerado un ser viviente y el feticidio no es un homicidio. Por tanto, el aborto es permitido cuando sea necesario para salvar la vida de la madre." Esta es la posición del judaísmo liberal moderno. (2) El judaísmo ortodoxo suele adoptar una posición más dura frente al aborto. Vale la pena notar, sin embargo, que el Talmud afirma que el embrión recibe un alma recién a los 40 días de engendrado. (Dicho sea de paso, la traducción del judío mesiánico David Stern (“Complete Jewish Bible”) curiosamente también asume que yaza quiere decir aborto y que el daño que se menciona es hecho a la madre.)

La Septuaginta contiene una curiosa variante de esa posición. Dice así: "Si dos hombres pelean y golpean a una mujer con niño y el niño saliera imperfectamente formado, deberán pagar una multa según imponga el marido....Pero si estaba perfectamente formado, dará vida por vida, etc." Los traductores al griego distinguen entre la criatura en las primeras semanas de gestación, dándole poco valor, y la criatura ya formada, que sí lo tiene. Al hacer esa distinción los traductores ignoran que un niño por nacer es una vida humana, cualquiera que sea la etapa de gestación en que se encuentre. De otro lado su versión sólo se pone en el caso de un aborto, no considera la posibilidad de que la madre sea la que sufra el daño.

Pero el hecho es que la traducción de RV 60 (así como también parcialmente la revisión de 1995, y algunas otras traducciones) es sumamente deficiente en este punto. En primer lugar la palabra Yaza que traduce como "abortar" quiere decir literalmente "salir" o "sacar" (Véase Gn 25:25,26; 38:28-30; Jr 1:5; 20:18), lo que en ese contexto debe entenderse como "nacimiento prematuro" puro y simple, ya que sólo cuando está acompañada de la palabra mut (morir), o de la palabra gavá (expirar), denota una ocurrencia que puede llamarse "aborto", tal como puede verse en Nm 12:12, para lo primero, y Jb 3:11, para lo segundo.

En segundo lugar, a continuación de la palabra indicada el original hebreo trae la palabra yeled (en genitivo plural), que quiere decir "niño" o "criatura" (Véase Gn 21:8; Ex 2:3). (3) La frase debería traducirse: "si sus niños salieran" (pues pudieran ser mellizos). Si la criatura naciera muerta habría empleado la palabra golem, que quiere decir "embrión" (Véase Sal 139:16) o "feto informe". (4)

En tercer lugar, la palabra que RV traduce como "muerte", (asón) quiere decir "daño", especialmente "daño físico". Es cierto que en algunos lugares del Génesis -en los que RV 60 traduce ason como "desastre"- la muerte está incluida en los desastres posibles. (Gn 42:4,38)

Pero una traducción más exacta del pasaje en cuestión, coincidiendo con las mejores versiones recientes, diría así:

"Si algunos riñen y hieren a una mujer embarazada y sus niños salen (e.d. si diera a luz prematuramente) sin que haya otro daño, ciertamente el culpable será multado según requiera el marido, y determine el juez; pero si hay daño, darás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe."

Los versículos 24 y 25 contienen la famosa Ley del Talión (que también formulan más lacónicamente Lv 24:21 y Dt 19:21) y que tenía por fin normar los castigos y regular la venganza, de tal modo que no fuera excesiva sino apropiada al daño inflingido. (5)

Entendido llanamente lo que el pasaje quiere decir es que si como consecuencia del golpe involuntario recibido, la madre da a luz prematuramente, sin que haya otro daño ulterior, el culpable pagará una multa; pero si la madre, o el niño, sufrieran algún daño -como sería el caso si el niño o la madre mueren o sufren alguna herida- se aplicará la ley del Talión, lo que implica inflingir al culpable un daño o herida equivalente al daño causado. Sólo si la criatura viniera al mundo cuando todavía no era viable, o si muriera como consecuencia del parto inesperado, podría hablarse propiamente de un caso de aborto. De otro lado es contradictorio interpretar el daño aludido en los vers. 22 y 23, tal como hacen RV y otras traducciones, sólo como la muerte de la madre ya que las frases que siguen (ves. 24 y 25) mencionan diversas posibilidades de heridas. (6)

Es muy singular que la Escritura consigne el texto completo de una norma tan importante para la legislación hebrea, como lo es la ley del talión, en el contexto de la pérdida posible de una criatura por nacer. Eso nos da una idea de la importancia que Dios concede a la vida en ciernes como algo que procede de Él mismo.

Queda el hecho, no obstante, de que, aun correctamente traducido, el texto es ambiguo, puesto que deja abierto de qué clase de daño se trata, si muerte o sólo herida; ni quién es el que lo sufre, si la madre o la criatura. Pero en esta indeterminación de su sentido reside precisamente el valor del texto, pues se pone en el caso de que tanto la madre como el niño (es decir, no sólo ella) puedan sufrir algún daño, y señala que la sanción que corresponda se aplique en el caso de que uno u otro sean afectados. Visto así no cabe duda de que este texto de la Biblia da igual valor a la vida por nacer que a la vida de la madre, lo que constituye un argumente muy fuerte en contra del aborto.

No podemos negar, sin embargo, que en la antigüedad, incluso entre los judíos, la vida humana, incluyendo la que estaba en ciernes, no era estimada en todo su valor. Eso explica, entre otras cosas, la terrible crueldad con que los vencedores en esos tiempos trataban a los vencidos, o la popularidad entre los romanos del espectáculo de la lucha de gladiadores, en la que, aparte de las heridas inflingidas mutuamente, casi siempre un luchador moría; o el método romano de la crucifixión para ejecutar a los malhechores, o la práctica generalizada del aborto entre los paganos, o la desatención de los enfermos en caso de plagas por miedo al contagio, etc., etc.

Todo eso cambió a medida que se difundía el mensaje cristiano entre las poblaciones paganas. El cristianismo cambió la mentalidad de los pueblos cuya mayoría lo adoptaba como religión. Una de las razones por las cuales el Evangelio se hizo popular entre las mujeres gentiles -según el historiador R. Stark- es que ellas veían cuán diferente era la manera cómo los maridos cristianos trataban a sus mujeres, así como también el hecho de que no las obligaban a abortar, según la costumbre generalizada, cuando ya habían tenido dos o tres hijos, ni exponían a sus hijas mujeres recién nacidas a la intemperie para dejar que mueran, como era también común entre los paganos. (7).

Si hay algún texto del Nuevo Testamento que hace patente la realidad de la vida humana en el vientre materno, es lo que consigna Lucas cuando narra la visita de María a su pariente Isabel: "Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre..." y "Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre." (Lc 1:41 y 44). Sí, el niño por nacer vive y tiene sentimientos propios.

Isabel intuyó que el hijo que llevaba en el seno saltó por la alegría que le produjo escuchar el saludo de María. ¿Por qué se llenaría de gozo? Yo creo que fue porque el Espíritu Santo reveló al futuro profeta que estaba aún en el vientre de su madre, que el ser que llevaba en su seno la doncella que se acercaba, era el Mesías esperado cuya venida al mundo él iba algún día a proclamar.

Por eso es que si hay algún mandato bíblico que se aplique a la interrupción forzada del embarazo es el mandamiento que contiene el Decálogo: "No asesinarás" (8), el cual fue ratificado enseguida por Moisés, con la salvedad de que él hace una distinción entre el asesinato intencional y el homicidio involuntario (Ex 21:12-14).

Sabemos, sin embargo, que la prohibición del homicidio fue dada al hombre mucho antes, a inicios de la historia humana: "El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada". La razón que da el texto es que "a imagen de Dios es hecho el hombre." (Gn 9:6). Esa circunstancia es lo que da a la vida humana un valor singular: el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y lleva esa imagen desde el momento en que es concebido (Gn 1:26,27). Ese hecho, y el que Dios le diera al hombre dominio sobre la tierra, es lo que lo distingue de los animales que comparten con el hombre muchas características anatómicas y biológicas.

Hay varios pasajes en el Antiguo Testamento que nos muestran que la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre son obra de Dios. Pero eso lo vamos a ver en el próximo artículo.

Notas:
  1. En efecto, la palabra "aborto" brilla por su ausencia en la mayoría de los mejores diccionarios bíblicos, salvo en el excelente Diccionario Bíblico de Clie.

  2. Esta postura permisiva encontraría un apoyo en Gn 2:7 que narra la creación del hombre, y según el cual el hombre es un ser viviente (nefesh) desde el momento en que, una vez formado, recibe el aliento (neshamá) de vida (jay) y respira. En efecto, la criatura respira por sí sola por primera vez cuando exhala su primer grito al nacer. De ahí se concluiría que hasta ese momento la criatura por nacer no tiene vida propia. Pero esa tesis está contradicha por numerosas evidencias científicas que muestran que el feto tiene una vida propia independiente de la madre: se mueve y agita, responde al sonido y a las caricias, y -como la ha mostrado una extraordinaria y aterradora filmación de un aborto- trata de evadir los instrumentos que el médico abortista introduce en el útero para concluir con su vida, etc.

    Respecto del versículo citado del Génesis que parecería indicar que el feto no tiene espíritu porque no respira, el profeta Zacarías dice: “Tú formaste mi espíritu dentro de mí.” (12:1). Es decir, Dios forma el espíritu (rúaj) de la criatura al mismo tiempo que forma su cuerpo. Es interesante notar que el embrión late antes de que el corazón haya sido formado, y una vez formado, su corazón late a un ritmo diferente del de la madre. Uno de los argumentos más manidos de los partidarios del aborto es que el feto forma parte del cuerpo de la mujer y que ella debe poder hacer lo que quiera con su cuerpo. ¡¿Un cuerpo con dos corazones?!

  3. Esa palabra proviene de yalad (dar a luz, parto.

  4. Son varias las traducciones que dicen en este lugar: "si su fruto saliera". Ello puede obedecer a que en la tradición israelita la criatura que se está gestando era considerada como un "fruto" del vientre materno. Por ejemplo, Isabel saluda a María diciéndole: "Bendito el fruto de tu vientre" (Lc 1:42). Véase también el Salmo 127:3: "Cosa de estima es el fruto del vientre".

  5. Jesús, sin embargo, le dio un vuelco completo al exhortarnos a no resistir al malo sino a hacer el bien al que nos hace daño. (Mt 5:38-42. Véase también Rm 12:19-21).

  6. Excursus sobre las traducciones: Puede ser útil examinar cómo traducen el vers. 22 del capítulo 21 del Éxodo otras versiones. Tanto la traducción francesa del Abate Crampon como la española de Nácar Colunga (ambas católicas) siguen la línea de interpretación que se acaba de indicar. La primera escribe: "...si la mujer da a luz sin otro accidente...pero si hubiera accidente..."

    La segunda dice: "...y el niño naciera sin más daño...pero si resultare algún daño..."

    Asimismo la New International Bible (NIV), que es protestante, dice: "...si ella da a luz prematuramente, pero no hay daño serio...Pero si hay daño serio..."

    De igual modo la Biblia de Jerusalén española (católica) escribe: "Si unos hombres, en el curso de una riña, dan un golpe a una mujer en cinta y provocan el parto sin más daño...Pero si resultare daño..."

    En estas cuatro versiones la víctima del daño puede ser tanto la madre como la criatura, y se da, por tanto, a la vida y a la integridad física de ambos igual valor, porque el daño hecho a uno u otro recibe igual castigo.

    La Vulgata latina (según la traducción inglesa de Douay) asume dos casos. Uno, que la madre aborte pero sobreviva (multa por la pérdida de la criatura); y otro, que ella muera como consecuencia del aborto. En este punto la traducción es inconsecuente, porque ¿con qué fin señalaría la ley del Talión una variedad de sanciones si el único daño previsto en ambos casos es la muerte? Es más, sin lugar a dudas, la redacción de la Vulgata da mayor valor a la vida de la madre que a la de la criatura, al sancionar la pérdida de ésta con una pena económica, mientras sólo la muerte de la primera se paga con la vida. El error puede deberse a la influencia que pudo haber ejercido sobre Jerónimo, el autor de la traducción, el targum Ónkelos y otras fuentes rabínicas que interpretan ason como "muerte" y hacen que se refiera exclusivamente a la madre. Tampoco habría que descontar la influencia de Filón de Alejandría, autor judío que era muy leído por los cristianos de ese tiempo . Es sabido que Jerónimo perfeccionó su conocimiento del hebreo con amigos rabinos cuando, huyendo de la frivolidad que reinaba en Roma, se refugió en Palestina para llevar a cabo con tranquilidad el encargo que le había hecho el papa Dámaso de producir una nueva y fiel traducción de la Biblia al latín. La Vulgata -que fue prácticamente la única versión mediante la cual la Biblia fue conocida en Occidente durante más de un milenio- ejerció seguramente influencia sobre Lutero, y éste sobre Casiodono de Reina, -que publicó su traducción en 1569, unos 20 veinte años después de la publicación completa de la traducción de Lutero al alemán y debe haberla conocido. Esa influencia ha llegado hasta la RSV, la NRSV, la Living Bible, la Amplified Bible (todas ellas protestantes) y la NAB (católica), y todas las traducciones que asumen el mismo enfoque.

    Lutero, en efecto traduce así: "Si unos hombres pelean y hieren a una mujer en cinta de modo que su fruto salga pero no le sobreviene otra desgracia...Pero si le sobreviene como consecuencia una desgracia (Schade)..." Su traducción da también un valor menor a la vida de la criatura puesto que asume que la ley del talión se aplicará sólo si la madre sufre algún daño, no si la criatura muere.

    La King James (KJV) es más exacta pues traduce: "...golpean a una mujer de tal modo que su fruto salga de ella, pero sin que siga un daño...Pero si se siguiera algún daño..." El valor de la vida de la madre y la del hijo son equivalentes porque la ley del talión se aplica a la pérdida de ambas vidas. El lenguaje moderno de esa versión revisada (NKJV) no introduce ningún cambio significativo en el sentido.

    La antigua versión reformada francesa de L. Segond sigue la misma la línea al traducir: "...si la hacen parir sin otro accidente...Pero si hay accidente..."

    Por su lado la Revised Standard Version (RSV) y la New Revised Standard Version (NRSV), y la New American Bible (NAB) se ponen en el caso de que se produzca un aborto y de que pueda seguir o no otro daño (a la mujer, se entiende). El texto, según estas versiones, da también sorprendentemente a la vida de la criatura un valor menor que a la vida de la madre porque la pérdida de la primera sólo tiene una sanción monetaria. Eso también ocurre con la versión francesa de la Biblia de Jerusalén (1955) que se pone en el caso de que ella aborte "pero sin morir", y añade: "Pero si ella muere..."

    La versión española del Comentario al libro del Éxodo de Mathew Henry muestra una clara influencia del Targum -que menciona- al afirmar que la frase "'sin haber muerte'" se refiere, como es obvio, a la mujer." Y he aquí lo interesante, dice que el Targum "añade normas sobre el precio que se ha de pagar por la muerte de la criatura". Esto no debe sorprendernos ya que para la mentalidad de ese tiempo -y no sólo entre los judíos- los hijos representaban un bien económico, cuya pérdida, llegado el caso, debía ser resarcida.

  7. Hoy día se da también en la India y la China una preferencia similar por los hijos varones. La desproporción entre hombres y mujeres en la población de esos países tendrá como consecuencia que dentro de pocas décadas muchos hombres sin queden sin poderse casar porque no habrá un número suficiente de mujeres para todos.

  8. Ése es el significado que tiene la palabra razaj que figura en Ex 20:13, y no simplemente “matar”.

  9. El hecho de que al traducir el Éxodo Jerónimo se dejara influir por la forma como los rabinos lo interpretaban no quiere decir que él adoptara su punto de vista sobre el menor valor relativo de la vida por nacer. Y lo mismo puede decirse de Lutero y de los autores de las otras traducciones cristianas que hemos mencionado.

  10. Hay que señalar que la versión española de ese famoso comentario no se limita a ser una traducción y selección del texto original sino que -según confesión que hace el propio adaptador en el Prólogo- añade pensamientos de su coleto y otros, sacados de comentarios evangélicos más recientes. Es bueno que los lectores de esa traducción lo tengan en cuenta para que no atribuyan al sabio comentarista todo lo que leen. El texto original de M. Henry, al comentar este pasaje, curiosamente sólo había del cuidado que Dios tiene de las mujeres en cinta, y luego dedica toda su atención a analizar la ley del talión.

Última edición:
2009-10-28 12:39:45
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